Tema III: Joven, Cristo Te elige, respóndele
“Lánzate a la misión: si has conocido a Cristo, atrévete a anunciarlo”. eso es
“Lánzate a la misión: si has conocido a Cristo, atrévete a anunciarlo”. eso es
A. Objetivo:
Que los/as Jóvenes vean que la misión es el medio por el cual Jesús respondió a su Padre haciendo su voluntad. Que al igual que Claret los jóvenes comprendan que la misión es un medio de Encuentro con Dios: porque el prójimo es el camino seguro a Dios. En este tercer momento los jóvenes comprenderán qué es la misión como esencia de la Iglesia. Que como cristianos sepan cuál fue la misión de Cristo. Por otra parte, podrán apreciar la misión de María, una joven que Dios llamó para llevar a cabo el plan de salvación. Por último, podrán entender la misión de Claret, y de manera actual, la de los misioneros claretianos.
B. Introducción:
Para introducir nuestro tema presentemos algunos signos de la misión: sandalias, La Biblia abierta en Marcos 3,14: “Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar”. Explicamos brevemente estos signos que identifican a un misionero:
1. Las sandalias son el signo del camino que recorre y el que debe recorrer para llevar la Buena Noticia.
2. La Palabra es el medio por el cual Dios se vale para iluminar la misión y la vida del misionero.
C. Oración de inicio
1. Leemos la siguiente lectura:
Hechos de los Apóstoles 6, 2-5:
2 Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: «No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas.
3 Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo;
4 mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra.»
5 Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía;
Lector: PALABRA DE DIOS
Comunidad: Te alabamos Señor
3. Eco de la Palabra
Luego de haber escuchado la lectura anterior, se invita a los jóvenes que elijan frase o la palabra que más les haya gustado de la lectura que acaban de escuchar, y la compartan con la comunidad, diciéndola en voz alta.
4. Plegaria Inicial
Oración de la comunidad evangelizadora
Te damos gracias, Padre Santo, porque por medio de Jesús nos has convocado en esta comunidad evangelizadora. Queremos reproducir el estilo de vida de Jesús con los discípulos a los que él llamó a compartir su vida y su misión.
Nos sentimos reunidos en su nombre, gozando de su presencia y escuchando su Palabra, compartiendo con El y prolongando hoy su misma misión evangelizadora.
Haz Padre, que nuestra comunidad no se cierre nunca en sí misma, que viva siempre para la misión al servicio de los hombres, asumiendo la causa de los pobres para hacer avanzar la historia hacia tu Reino.
Señor Jesús, que María, la creyente siempre fiel, que meditaba tu palabra y tus hechos en su corazón, esté siempre en medio de nosotros como entre los apóstoles, atrayendo tu Espíritu con la fuerza de su Corazón a favor de nuestra comunidad y de la tarea de la evangelización: “La venida de su Reino”. Amén
5. Animación
Canción de la comunidad: “Juntos cantando la alegría”
Libro: Mi canto es Joven #११
Desarrollo del tema
A. ¿Qué es la Misión?
Es la tarea evangelizadora que Jesús encomendó a su Iglesia y que es llevada a cabo por la acción del Espíritu Santo.La misión toma rasgos específicos en cada uno de los convocados en la Iglesia y en las diversas situaciones históricas. Ya desde el Antiguo Testamento, vemos cómo Dios mueve a personas concretas: pastores, hombres sencillos, trabajadores, campesinos, etc. Para que cumplan un mandato, que tiene carácter de único, irrepetible, provisto de tal fuerza que es capaz de mover el corazón. El que recibe el llamado no se libra de una cierta duda, desconfianza en las propias fuerzas o incluso, se resiste a obedecer a Dios.
En el Nuevo Testamento, el carácter de la misión adquiere una connotación más específica y total, con la inauguración del Reino de Dios। En efecto, Jesús, con su predicación, con sus obras, con toda su persona, nos revela el sentido de toda misión: hacer la voluntad del Padre, voluntad que tiene una palabra concreta, el “Reino”. Así, todo enviado a una misión lo hará siguiendo esta única misión de Jesús, la de llevar la Buena Nueva del Reino de Dios a los hombres.Otro elemento de la misión que podemos destacar es la comunidad. Es el espacio vital en el cual se desarrolla la vocación misión. Dios, que ama a su pueblo, a su Iglesia, a su comunidad, está siempre atento a la escucha de sus gritos y clamores; por eso responde llamando y escogiendo a determinadas personas para el servicio.
B. Misión de Cristo
1. Predicar la Buena Nueva
Desde el comienzo de a actividad mesiánica, Jesús manifiesta, en primer lugar, su misión profética. Jesús anuncia el Evangelio. El mismo dice que 'ha venido' (del Padre) (Cfr. Mc 1, 38), que 'ha sido enviado' para 'anunciar la Buena Nueva del reino de Dios' (Cfr. Lc 4, 43).
A diferencia de su precursor Juan el Bautista, que enseñaba a orillas del Jordán, en un lugar desierto, a quienes iban allí desde distintas partes, Jesús sale al encuentro de aquellos a quienes El debe anunciar la Buena Nueva.
2. Dar testimonio de la verdad
Jesús tiene una conciencia clara de esta misión, sostenida por el poder de la verdad que brota de su misma fuente divina. Jesús tiene conciencia de que, en su doctrina, se manifiesta a los hombres la Sabiduría eterna.
'Vino, por tanto, el Hijo enviado por el Padre, quien nos eligió en El antes de la creación del mundo y nos predestinó a ser hijos adoptivos, porque se complació en restaurar en El todas las cosas (Cfr. Ef 1, 4)5 y 10). Así, pues, Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre inauguró en la tierra el reino de los cielos, nos reveló su misterio y con su obediencia realizó la redención' (Lumen Gentium, 3).
C. María: una misión y una respuesta
La misión de María estaba en el pensamiento de Dios desde siempre, desde toda la eternidad, Él escogió a esta joven judía que vivía en Nazaret en Galilea, para que fuera la Madre de su Hijo. Escogió a “una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María”. (Lc 1, 26-27).
Muchas veces, escuchamos a personas que hablan de María, cómo si fuera alguien muy distinto a nosotros y por lo tanto, alguien a quien no se puede imitar porque está muy lejos de ser una persona como cualquiera de nosotros. Resulta ser todo lo contrario, a María la debemos imitar todos.
1. ¿A qué la llama Dios? Dios la está llamando en medio de su quehacer diario, en un día como otro cualquiera para darle un regalo, un don sin precio, un tesoro de más valor que cualquier otra cosa del mundo y más bello que nada. La estaba invitando a ser parte junto a Él en la obra de la salvación. Cuando menos se lo esperaba María, la invita a la misión más insospechada.María oyó la invitación y en lo profundo de su alma sabía que venía de Dios. Sin embargo, también escuchó la voz del miedo, el temor a lo desconocido, a lo que iba a encontrar al otro lado de la montaña. No veía el camino para llegar allí, ignoraba lo que podía suceder.
2. Respuesta de María
Ante la respuesta del ángel, sin detenerse a pensar en el sufrimiento que le espera. Con un corazón grandísimo, lleno de amor, y segura que para Dios todo es posible, dice. “He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra”. Dio su consentimiento.Ella no regateó el precio, no puso condiciones, ni fue a preguntar la opinión de los de su pueblo. Dice ¡Sí! El llamado de Dios es demasiado hermoso como para andar escatimando sacrificios. María contempló el don, lo meditó, como siempre hacía, en su corazón enamorado
y se entregó con entusiasmo al plan que Dios le propuso.
D. Misión de Claret
Claret se identifica tan profundamente con el Cristo Profeta Evangelizador, que abandona las seguridades, el prestigio, abraza la pobreza y asume un estilo de vida itinerante como el de Jesús y los apóstoles y afronta la persecución y la muerte por causa del Reino.
E. Eco Claretiano (Extraído de su Autobiografía)
AA. #222: “Desde un principio me encantó el estilo de Jesucristo en su predicación. ¡Qué semejanzas! ¡Qué parábolas! Yo me propuse imitarle con comparaciones, símiles y estilo sencillo. ¡Qué persecuciones!... Fue puesto por signo de contradicción, fue perseguido en su doctrina, en sus obras y en su persona, hasta quitarle la vida a fuerza de denuestos y de tormentos e insultos, sufriendo la más bochornosa y dolorosa (muerte) que puede sufrirse sobre la tierra.”
AA. # 118: “El Señor me dio a conocer que no sólo tenía que predicar a los pecadores, sino también a los sencillos de los campos y aldeas había de catequizar, predicar, etc., etc.,…Y de un modo muy particular me hizo Dios nuestro Señor entender aquellas palabras: El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido y enviado a evangelizar a los pobres, a sanar a los contritos de corazón.” (Is. 61, 1)
AA. #113: Desde que me pasaron los deseos de ser Cartujo, que Dios me había dado para arrancarme del mundo, pensé, no sólo en santificar mi alma, sino también discurría continuamente qué haría y cómo lo haría para salvar las almas de mis prójimos. Al efecto, rogaba a Jesús y a María y me ofrecía de continuo a este mismo objeto. Las vidas de los santos que leíamos en la mesa cada día, las lecturas espirituales, que yo en particular tenía, todo me ayudaba a esto; pero lo que más me movía y excitaba era la lectura de la Santa Biblia, a que siempre he sido muy aficionado.
AA. #114: Había pasajes que me hacían tan fuerte impresión, que me parecía que oía una voz que me decía a mí lo mismo que leía. Muchos eran estos pasajes, pero singularmente los siguientes: Apprehendi te ab extremis terrae et a longinquis ejus vocavi te et dixi: servus es tu, elegi te et non abjeci te (Isaías, cap. 41, 9): yo te he tomado de los extremos de la tierra y te he llamado de sus lejanas tierras. Con estas palabras conocía cómo el Señor me había llamado sin mérito ninguno de parte de patria, padres ni mía. Y te dije: Siervo mío eres tú, yo te escogí y no te deseché.
AA. #115: No temas que yo estoy contigo; no declines, porque yo soy tu Dios: te conforté y te auxilié, y te amparó la derecha de mi justo (ib., 10). Aquí conocí cómo el Señor me sacó en bien de todos los apuros que he referido en la primera parte y de los medios de que se valió.
AA। #116: Conocía los grandes enemigos que tendría, y las terribles y espantosas persecuciones que se levantarían contra mí, pero el Señor me decía: He aquí que confundidos y avergonzados serán todos los que pelean contra ti: serán como si no fuesen y perecerán los hombres que te contradicen। Porque yo soy el Señor tu Dios, que te tomo por la mano y te digo: No temas que yo te he ayudado (ib., 13).
D. Misión de Claret
Claret se identifica tan profundamente con el Cristo Profeta Evangelizador, que abandona las seguridades, el prestigio, abraza la pobreza y asume un estilo de vida itinerante como el de Jesús y los apóstoles y afronta la persecución y la muerte por causa del Reino.
E. Eco Claretiano (Extraído de su Autobiografía)
AA. #222: “Desde un principio me encantó el estilo de Jesucristo en su predicación. ¡Qué semejanzas! ¡Qué parábolas! Yo me propuse imitarle con comparaciones, símiles y estilo sencillo. ¡Qué persecuciones!... Fue puesto por signo de contradicción, fue perseguido en su doctrina, en sus obras y en su persona, hasta quitarle la vida a fuerza de denuestos y de tormentos e insultos, sufriendo la más bochornosa y dolorosa (muerte) que puede sufrirse sobre la tierra.”
AA. # 118: “El Señor me dio a conocer que no sólo tenía que predicar a los pecadores, sino también a los sencillos de los campos y aldeas había de catequizar, predicar, etc., etc.,…Y de un modo muy particular me hizo Dios nuestro Señor entender aquellas palabras: El Espíritu del Señor está sobre mí porque me ha ungido y enviado a evangelizar a los pobres, a sanar a los contritos de corazón.” (Is. 61, 1)
AA. #113: Desde que me pasaron los deseos de ser Cartujo, que Dios me había dado para arrancarme del mundo, pensé, no sólo en santificar mi alma, sino también discurría continuamente qué haría y cómo lo haría para salvar las almas de mis prójimos. Al efecto, rogaba a Jesús y a María y me ofrecía de continuo a este mismo objeto. Las vidas de los santos que leíamos en la mesa cada día, las lecturas espirituales, que yo en particular tenía, todo me ayudaba a esto; pero lo que más me movía y excitaba era la lectura de la Santa Biblia, a que siempre he sido muy aficionado.
AA. #114: Había pasajes que me hacían tan fuerte impresión, que me parecía que oía una voz que me decía a mí lo mismo que leía. Muchos eran estos pasajes, pero singularmente los siguientes: Apprehendi te ab extremis terrae et a longinquis ejus vocavi te et dixi: servus es tu, elegi te et non abjeci te (Isaías, cap. 41, 9): yo te he tomado de los extremos de la tierra y te he llamado de sus lejanas tierras. Con estas palabras conocía cómo el Señor me había llamado sin mérito ninguno de parte de patria, padres ni mía. Y te dije: Siervo mío eres tú, yo te escogí y no te deseché.
AA. #115: No temas que yo estoy contigo; no declines, porque yo soy tu Dios: te conforté y te auxilié, y te amparó la derecha de mi justo (ib., 10). Aquí conocí cómo el Señor me sacó en bien de todos los apuros que he referido en la primera parte y de los medios de que se valió.
AA। #116: Conocía los grandes enemigos que tendría, y las terribles y espantosas persecuciones que se levantarían contra mí, pero el Señor me decía: He aquí que confundidos y avergonzados serán todos los que pelean contra ti: serán como si no fuesen y perecerán los hombres que te contradicen। Porque yo soy el Señor tu Dios, que te tomo por la mano y te digo: No temas que yo te he ayudado (ib., 13).
F. ¿Qué es la vocación?
La vida entera la vamos a entender como una "Vocación": es el llamamiento de Dios que siempre anda en búsqueda del hombre.La iniciativa y el llamado siempre son de Dios: la respuesta es nuestra, pero él nos ayuda a responder. La vocación es dinámica y creativa. No basta con responder de una vez por todas. Su llamado es un diálogo continuo con la respuesta del hombre. Pero, ¿cómo voy a saber cuál es mi vocación?; Yo ¿para qué nací?; ¿Quién me lo habrá de decir?; ¿Cómo lo voy a saber? A todos estos interrogantes habrás de responder en la vida. Y comienza por preguntarte en serio:¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Por qué camino tengo que ir?Hay un reto muy grande para ti: alcanzar tu plena realización y esto se logra solamente descubriendo el Plan de Dios sobre ti y realizándolo estás respondiendo al llamado del Señor. "A esto llamamos Vocación".
G. Reflexión: La misión claretiana
A los claretianos nos interesa profundizar en el sentido de la misión en la Iglesia. Esa misión nos identifica, ya que nos llamamos misioneros y realizamos una específica aportación a la misión eclesial.
El servicio misionero de la Palabra
Las Constituciones nos dicen que “nuestra vocación especial en el Pueblo de Dios es el ministerio de la Palabra, con el que comunicamos a los hombres el misterio íntegro de Cristo”. Explicitado de otro modo, hemos sido enviados a anunciar, a través de la Palabra, la vida, muerte y resurrección del Señor, hasta que vuelva, a fin de que todos los hombres se salven por la fe en él. Ésta es nuestra razón de ser en la Iglesia: anunciar a Jesucristo por medio de la Palabra, como sucesores de los apóstoles y profetas según el carisma claretiano. Todos nosotros -hermanos, estudiantes, o ministros ordenados- hemos recibido una vocación específica, carismática, que nos pone al servicio incondicional de la Palabra de Dios. Es decir, formamos parte del grupo de los profetas que recibieron el encargo de transmitir al Pueblo la Palabra de Dios; participamos de la vocación de los apóstoles y de sus sucesores, que fueron enviados a proclamar la Palabra, es decir el Evangelio que es Cristo Jesús. Este carisma de evangelización a través de la palabra puede desplegarse en el ministerio ordenado o en los ministerios laicales.
El anuncio de Jesucristo
Hemos recibido el ministerio de anunciar a Jesucristo por medio de la Palabra. Anunciar es re-velar, des-velar la presencia del Señor y de todo su misterio en la historia, ante un grupo humano, o una persona; es proclamar que con la vida, muerte y resurrección de Jesús el Reino ha comenzado a venir, a amanecer.El anuncio se realiza a través de signos, de símbolos, capaces de transmitir esa noticia en su integralidad. Los signos o símbolos que anuncian la presencia del Reino de Dios Padre en Cristo y en el Espíritu pueden ser palabras o acciones simbólicas que re-presentan el Reino. Jesús anunció el Reino a través de sus discursos y palabras, las parábolas, a través de los signos prácticos del Reino que eran los milagros y, como trasfondo, a través de su propia existencia que era, ya en sí misma, predicación, parábola y milagro del Reino .El contenido del anuncio
Hemos sido llamados a ser mensajeros fidedignos de la fe de la Iglesia en su Señor. Estamos llamados a predicar a Jesús Resucitado a anunciar su presencia sacramental en la Iglesia y en la historia, a mantener la tensión de la espera escatológica convencidos de su plena manifestación al final de la historia.El misionero claretiano se caracteriza por el intento apasionado de ofrecer a sus hermanos, hombres y mujeres, toda la riqueza del Misterio de Cristo Jesús. El claretiano ofrecerá un mensaje evangélico más rico y transformador en la medida en que alimente su anuncio en todas las fuentes de la Revelación. Anuncio al hombre de hoy
Nuestro ministerio profético de la Palabra hace referencia no a una Palabra que fue pronunciada una vez por todas y ha quedado como petrificada en el tiempo, sino a una Palabra que tiene mucho que decir al hombre de hoy, a este momento de la historia que estamos viviendo. Para ello es necesario traducirla de nuevo, para transmitirla adecuadamente.
Misión profética
Como la misión del Padre Fundador, nuestra misión es también profética. Así lo predijo él para sus misioneros: hemos sido llamados para responder a los desafíos de nuestro tiempo desde el servicio profético de la Palabra. Para esta misión profética los misioneros claretianos hemos sido ungidos de un modo especial por el Espíritu del Señor.
H. Preguntas para profundizar:
¿A qué me llama el señor, cuál es mi misión?
¿Qué puedo dar? ¿Cuáles son mis dones?
¿Puedo hacer algo?
¿La iglesia me necesita?


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